30 de març, 2008

Diario de viaje a Mali

Del 14 al 24 de marzo, un grupo de amigos del pueblo dogón ha viajado a Mali y ha visitado la escuela de Fetendoti. A continuación os ofrecemos un resumen de sus experiencias, anécdotas y fotografías y emociones.

Cuando nos montamos en el Patrol camino de Fetendoti el sol todavía guarda clemencia. Paciente y al acecho asoma por las crestas desnudas de los montes de Hombori.




Dentro del coche nuestros ojos no pierden detalle del camino. Quienes visitan por primera vez Fetendoti, aguardan la imagen del poblado detrás de cada árbol, de cada nube de polvo. Para los que descubrimos el poblado hace ahora un año y medio, el paisaje en la estación seca resulta irreconocible. ¿Dónde está aquella charca donde jugaban los niños? ¿Y los campos de mijo que escondían las casitas de cuento?

Pronto nuestra curiosidad se ve recompensada. Gracias a la costumbre dogon de construir las escuelas en las afueras del poblado, nuestros ojos pronto distinguen de la silueta a contraluz de los muros y tejados en forma de capucha de Fetendoti, una forma rectancular, distinta y única, alejada del grupo de casitas.

A medida que nos acercamos, la imagen que todos guardábamos como un tesoro en nuestra mente, aquella que nos había acompañado mientras preparábamos las maletas cargadas de material, mientras recorríamos caminos de polvo desde Ouaga, mientras nos dejábamos seducir por los paisajes del Alt Gourma, se hace real: con sus ladrillos de adobe, sus ventanas de hierro, su tejado metálico... allí está la nueva escuela.





Unos metros a distancia de la escuela de adobe el cobertizo de paja sigue ejerciendo tímidamente sus funciones de escuela. Entre las ranuras de sol que se cuelan por las ramas de mijo, descubrimos este tesoro de ojos curiosos y atentos, manos aplicadas y... ¡pupitres nuevos!







Los pupitres, que han llegado para la nueva escuela, ya se están aprovechando.


Manos a la obra. Con la pintura blanca y gris que hemos comprado en Douentza cubrimos las oscuras paredes de adobe interiores (de un blanco efímero) y las puertas y ventanas (a brochazos de gris). No nos falta compañía: avituallamiento de te, música, un sol de justicia, niños (muchos niños), mayores, telas de colores vestidas de mujer...




Impertérritos, nuestros dedos no sueltan el pincel. ¿Alguien duda de nuestro estilo?





Tras dos días de brochazos, sudor, tés, miradas curiosas, olor a pintura, risas, ampollas en los dedos y mucha ilusión... tachán!!! Parece que todo está a punto para inaugurar las dos primeras aulas.

Unos latigazos de sol antes...

El material que hemos traído desde Vigo, Salamanca, Madrid y Barcelona es tanto, que hemos decidido reagruparlo y repartirlo entre varias escuelas. En el campamento de Main de Fatma, donde tenemos la suerte de disfrutar durante cuatro noches de la hospitalidad de La Manya, hacemos cuentas de bolígrafos, lápices, equipos de deporte, etc.





El material se reparte entre las escuelas de Seguendourou y Jarawal. Como ya es habitual la visita a estas dos escuelas no está exenta de sorpresas.

La escuela de Seguendourou es a la vez establo y gallinero.



Sus alumnos difícilmente tendrán buena caligrafía, ya que todavía no tienen pupitres. El compromiso del gobierno de Hombori es construir una escuela nueva, como la de Fetendoti, antes de que se acabe el año.

El segundo día que visitamos la escuela de Seguendourou, después de haberles hecho entrega el día anterior de todo el material escolar y deportivo, nos encontramos a los alumnos haciendo clase con sus nuevas camisetas y pantalones.

Parece un detalle sencillo pero, por inesperado, nos emocionó.




En Jarawal, sin embargo, nos reciben un grupo de niños con escuela de ladrillo y caligrafía de pupitre y nos regalan un rato de canciones. Nosotros correspondemos a sus canciones con un “Ahora que vamos despacio, vamos a contar mentiras, tralará” y con la entrega de material escolar.



Con los coches cada vez más ligeros de equipaje llegamos por tercer y último día a la escuela de Fetendoti.

Este momento será, sin duda, el momento más especial del viaje. En la foto veréis lo mismo que nosotros al acercarnos a la escuela... mientras nos entreteníamos en observar las ventanas y puertas recién pintadas, vimos como la puerta se abría, y del interior salía un río de niños... allí estaban los nuevos pupitres, el maestro y los alumnos de Fetendoti. La nueva escuela ya estaba en funcionamiento, puntual como un reloj al que acaban de dar cuerda y tiene prisa por contar las horas.





Comenzaba de nuevo un ritual al que empezábamos a acostumbrarnos, el de descargar cajas de material y hacer entrega a los maestros bajo la atenta mirada de los niños y niñas.

El lazo con la vida de estas gentes, con su presente y con su futuro, cada vez era más estrecho, y nos apretaba el estómago con un nudo de emoción. Quizás fue sólo un momento de ilusión, pero en ese instante todos éramos niños en una escuela, atentos, curiosos, agradecidos, ilusionados y con un futuro por dibujar.

Terminamos el diario de este viaje con más fotos, de la escuela, de los niños, de los bailes, y de Mali.












Hasta muy pronto.

Muchas, muchísimas gracias a todas las personas que han colaborado en este viaje, recolectando material escolar durante meses, pintando la escuela y acompañando al grupo en Malí: Jordi, Carme, Vicky, Cristina, Ramón, Fermín, Fermín JR, Beatriz, Marcos, Cristina, Sandra, Álex, Toni, Elena, Salva, Madi, La Maña, Rene, Eva, Montse, Núria, Pep, Gemma, Imma, Caja de Ahorros del Mediterráneo, La Caixa, Layers Shorts y Gestió (Oscar y Joaquim), Club de Fútbol Casablanca, Piñeiro Intersport y unos cuantos más...



Podéis mandarnos vuestros comentarios y fotos a escolesdogons@gmail.com o haciendo clic aquí

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